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EDUCACIÓN

«Joyas» educativas cargadas de historia

ENSEÑANZA CENTENARIA

Castilla y León cuenta con unos sesenta institutos y colegios catalogados como históricos que esconden «tesoros» y un importante legado patrimonial

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Lectura pública en el Instituto Antonio Machado de Soria ICAL
Miriam Antolín

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Sus muros son fieles testigos de la historia y, sobre todo, de la evolución de la enseñanza. Ubicados, generalmente, en el centro de sus ciudades han visto pasar por sus aulas miles de alumnos -algunos convertidos en afamados profesionales- y son también un reflejo de la arquitectura de la época . Castilla y León cuenta con unos sesenta institutos y algún colegio catalogados como históricos, «joyas» centenarias de finales del siglo XIX y principios del XX que han llegado a la actualidad con esa misma labor pedagógica, pero también con «tesoros» que han ido descubriendo poco a poco una vez que los docentes han buceado entre sus archivos y en un importante patrimonio que, en muchas casos, ya se expone en sus propios museos. También dentro de esta categoría están aquellos que se ubican en edificios que tienen una especial protección como Bienes de Interés Cultural (BIC).

Camino de los dos siglos va ya el Instituto Jorge Manrique de Palencia, que este año cumple una cifra redonda: 180 años. Diseñado por el arquitecto modernista Jerónimo Arroyo -el mismo que ha creado edificios importantes de la ciudad como el de la sede de la Diputación provincial-, el 'viejo', como se le conoce cariñosamente en la capital palentina, ha contribuido «al desarrollo educativo de la ciudad y la provincia», explica quien es ahora su director, Arturo Polanco. Es uno de los centros más antiguos de España y de su ubicación original, cercana a la Catedral, tuvo que trasladarse «porque se quedó pequeño» a la que es la actual -cercana a la calle Mayor-.

Desde allí ha visto trascurrir la historia de la ciudad e insignes profesores y alumnos como Carlos y José Casado del Alisal, Juan M. Diaz-Caneja, Francisco Vigui, Ramón Gómez de la Serna, Julio Valdeón... Así que Arturo Polanco muestra el «orgullo», pero también la «responsabilidad» que supone llevar el timón de una institución académica tan querida por los palentinos y que conserva «verdaderas joyas del pasado», como su colección de minerales, animales o láminas antiguas, que pueden contemplarse en el Museo de Historia Natural, abierto en el año 2022. Además, cuenta con una destacada biblioteca y el Museo de la Humanización y la Ciencia con elementos del siglo XIX que se han ido aportando desde el departamento de Química y que se han ido «recuperando poco a poco», como un telescopio de la época o ingenios mecánicos que demuestran «cómo la ciencia avanzaba». Y es que el Jorge Manrique «ha sido siempre un centro de saber, conocimiento y enseñanza» que ha sabido estar «a la altura» en educación, dentro de una comunidad autónoma que es «referencia» en este ámbito, cuenta Polanco. Por ello ha ido dando pasos por adaptarse a la modernidad y ha incorporado modalidades como el Bachillerato Internacional. Sigue siendo un centro muy prestigioso, tal y como demuestran los datos: año a año es uno de los «más demandados» de la ciudad y cuenta con 1.400 alumnos y 125 profesores.

Imagen principal - Sobre estas líneas, el director del instituto palentino Jorge Manrique, Arturo Polanco; la colección del Claudio Moyano, en Zamora, y una imagen antigua del Antonio Machado, en Soria
Imagen secundaria 1 - Sobre estas líneas, el director del instituto palentino Jorge Manrique, Arturo Polanco; la colección del Claudio Moyano, en Zamora, y una imagen antigua del Antonio Machado, en Soria
Imagen secundaria 2 - Sobre estas líneas, el director del instituto palentino Jorge Manrique, Arturo Polanco; la colección del Claudio Moyano, en Zamora, y una imagen antigua del Antonio Machado, en Soria
Sobre estas líneas, el director del instituto palentino Jorge Manrique, Arturo Polanco; la colección del Claudio Moyano, en Zamora, y una imagen antigua del Antonio Machado, en Soria ICAL

Como instituto histórico, su director destaca que lo «más satisfactorio» es el «reconocimiento social» de su labor, pero subraya también que en un centro de estas características las necesidades son muchas. De ahí que la orden publicada por la Junta de Castilla y León que regula estas instalaciones incluya recursos y apoyos para poder mantenerlos. «Es un edificio muy bonito, pero tiene sus achaques», explica, y hay «cosas», como el cambio de las ventanas o poder contar con personal que catalogue el material de la biblioteca, que aún están pendientes.

Con más de un siglo a sus espaldas, el Instituto Claudio Moyano de Zamora también puede presumir de tener un lugar destacado en la enseñanza de su entorno. Trasladado en 1902 a su sede actual, fue en 1919 cuando salió la primera promoción de estudiantes. Su edificio es una «belleza arquitectónica», apunta su directora en los últimos catorce años, María del Tránsito Martín. Pero también lo es el patrimonio que atesora. «Es historia de la educación» y hay elementos que «llaman mucho la atención», como un león, un lobo y un tigre disecados con los que cuenta el gabinete de historia natural del instituto. A mayores, «hay otras muchas cosas que se están empezando a sacar y que están distribuidas por distintos departamentos como Música, Biología o Química», dice.

«Conservamos aún las tarimas de madera y conviven en las aulas con las pizarras digitales o el wifi», resalta sobre un instituto que está «muy arraigado» en la capital zamorana y cuenta ahora con 881 alumnos, con especial éxito en el Bachillerato de la rama de ciencias. «Siempre tenemos lista de espera», relata. Por allí han pasado también importantes personalidades como los poetas Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor o el cronista de la ciudad Herminio Ramos. Gracias a su distinción como histórico, consiguen tapar agujeros, apunta la directora, pero «hay mucho que hacer». Al ser edificios «muy antiguos» sistemas como por ejemplo el de las tuberías tienen «muchos años» y ahora se encuentran con «problemas» en la fachada. No obstante, estar al frente de un instituto de estas características es para María del Tránsito Martín, profesora de matemáticas, un motivo de «orgullo».

A gala lleva también Miguel Ángel Delgado ser el director del Instituto Antonio Machado de Soria. Un centro que vio impartir clase al poeta de 1907 a 1912 y que tiene entre sus elementos más destacados un aula dedicada a la figura del gran literato sevillano autor de 'Campos de Castilla' y también entre 1920 y 1922 a Gerardo Diego. Construido en el siglo XVI, su edificio barroco -en origen colegio de la Compañía de Jesús- se ha ganado la denominación de 'histórico' tanto por su arquitectura y protección como BIC, como por los «verdaderos tesoros» que se han ido descubriendo entre sus pasillos.

De los 44 alumnos y ocho profesores que poseía en sus primeros pasos, allá por 1841, ha pasado a unos 700, siendo un «referente» -también «cultural»- en la ciudad. «Hay que tener en cuenta que hasta 1967 este fue el único instituto en la capital y en la provincia y todo el que quería avanzar en sus estudios tenía que pasar por aquí», comenta Delgado. Por sus pasillos también estuvieron el historiador y escritos Juan Antonio Gaya Nuño o el filósofo Antonio Pérez de la Mata, entre otros, lo que convierte su archivo en un elemento de «gran valor», por ejemplo, para investigaciones, señala Conchi Sanz, una de las primeras personas que se implicó en la catalogación y estudio del material. En 2011 comenzó esta tarea que les ha llevado a descubrir «auténticos tesoros» entre sus muros. Placas, murales, animales o aparatos que permiten dar un paseo a través de la enseñanza, pero también elementos de importante valor, como las 86 láminas de Le Baron Cuvier llegadas de Francia que se restauraron en el centro de Simancas o el cuadro, ya recuperado, que resultó ser de un discípulo de Rubens, que ahora se expone debidamente protegido en el Salón Rojo.

El 175 aniversario, con la entrega de medallas de reconocimiento del Ayuntamiento y la Diputación, fue un «revulsivo» para el centro, que ha trabajado en impregnar de «esa identidad machadiana» tanto a alumnos como a profesores, señala Sanz, y ha recuperado actos históricos, como la lección inaugural el 2 de noviembre o el acto de graduación de los bachilleres. Una de sus líneas de actuación es el Museo de Historia Natural y otra su importante archivo, con sus expedientes ya catalogados y cuyos libros ahora tratan de poner en orden las profesoras Raquel Calvo y Eva Lavilla. Para ello han contactado con profesionales del Archivo Municipal porque existen «joyas» y «cosas muy curiosas», como libros pedagógicos de 1841 o los que «probablemente usó Machado en sus clases de literatura». Uno de los obstáculos a los que se enfrentan es la «falta de espacio» para depositar y dar a conocer todo ese legado. «Al estar en un edificio protegido hay más limitaciones en ese aspecto», dice el director.

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